(La importancia de la nota es el carácter judicial que le da el columnero, por medio de chismes, rumores y mucha suspicacia, declara quiénes son los asesinos, pero lo delicado viene de que SE SIENTE IMPUNE para firmar tal despropósito. Aquí no interesa si asi fueron las cosas, sino EL LUGAR desde donde redacta. Cualquiera que firmara la nota estaría en serios problemas con la acusación. Ellos, los columneros son la nueva lacra de la república bananera. Se creen superiores a la clase política y a los ciudadanos, imaginan que ellos son los garantes de la democracia de mierda que tenemos. Y encima tenemos que aguantar sus ataques líricos)
Eliseo y la policía panteonera
La historia en breve
Ciro Gómez Leyva
2009-06-10
Era como una sátira intolerable. En el muy humilde panteón San Miguel, en donde enterraban a nuestro compañero Eliseo Barrón dos miércoles atrás, un par de pick-ups prestaron sus cajas para depositar las coronas fúnebres. Eran pick-ups de la policía municipal de Torreón, con policías jóvenes y muy fuertes, con armas largas, que no se sabía si cuidaban a los presentes, a las flores, o simplemente hacían acto de presencia en el sepelio de un periodista que los reporteaba a diario.
Una semana antes del entierro, el 20 de mayo (a Eliseo lo mataron el 25), y a la voz de “ya no queremos más delincuentes disfrazados”, el alcalde de Torreón, un panista de nombre José Ángel Pérez Hernández, anunció que daba de baja a 302 de sus policías, porque les había perdido la confianza.
Neófito, uno pensaría que esas bajas, que implicaban a poco menos de la mitad de los policías de Torreón, serían inmediatas. Pero no fue así. Pérez Hernández comenzó a notificarles el despido apenas el lunes pasado, lunes 8 de junio. Como no los pudo correr en caliente, los separó y les ha tenido que seguir pagando.
Una versión con cierta lógica periodística habla de que Eliseo blufeó con la lista de los 302 despedidos. Era secreta, pero él habría presumido conocer los nombres de los 302. Supongo que la PGR investiga esa línea.
Lo único cierto es que en las pick-ups seminuevas se guardaron las flores. Y lo probable es que en las bateas de esa policía, cubiertas con una lona inmunda, estén las claves del asesinato de Eliseo. Lo más probable.
Una policía en la que no confía nadie, ni se sabe de qué tamaño es, de qué tamaño será.
Una policía literalmente panteonera.
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