martes, 15 de diciembre de 2009

Hace meses lo veía como PRESIDENCIABLE, ahora atreve una timorata crítica.

El avión F-2000 de Agustín Carstens
La historia en breve
Ciro Gómez Leyva

En los primeros días de junio, un grupo de periodistas le preguntamos a Agustín Carstens si en verdad se descartaba para relevar a Guillermo Ortiz en el Banco de México. Respondió que manejar el Banco de México sería como pilotear un F-2000, comparado con el Tsuru en terracería que manejaba en la Secretaría de Hacienda.
Las cosas se le dieron. No importó que la economía cayera 7 por ciento, a pesar de que él diagnosticara un catarrito, ni el fracaso del proyecto del impuesto de 2 por ciento al consumo para aplicarlo a la pobreza, que el presidente Calderón le encargó promover y cabildear.
Hoy el Senado aprobará la propuesta del Presidente para que Carstens sea gobernador del Banco de México hasta el 31 de diciembre de 2015. ¿A qué se compromete desde el caza F-2000? ¿Qué cielos piensa dominar cuando los dos motores gemelos le permitan alcanzar una velocidad de 2 mil 450 kilómetros por hora?
Sé que es una muy buena persona, pero no puedo dejar de comparar que Guillermo Ortiz tomó fuerza como el secretario de Hacienda de una economía que dejó atrás el desplome de 7 por ciento en 1995, mientras que Carstens llega al Banco de México con la marca de la caída de 7 por ciento: la peor de América Latina, del continente, de occidente.
Extraña política de recompensas.
En aquella comida criticamos la reforma de Pemex. “Fue una reformita”, le dije. “Fue la posible”, contestó. “Sí, esperábamos un touchdown, pero obtuvimos un pase completo de 20 yardas, que fue bueno, fue un primero y diez, fue la reforma posible”.
Siguiendo la analogía, el menos 7 por ciento sería una temporada de un ganado y 15 perdidos de un equipo en que él era, si no el head coach, sí el coordinador defensivo.
Diario Milenio

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