Se hace, pero no se dice
La Semana de Román Revueltas Retes
Román Revueltas Retes
Mauricio Fernández Garza no es un bárbaro. Es, por el contrario, un tipo refinado: coleccionista de arte, consumidor de cultura y, en su condición de militante de un partido aquejado de trasnochada moralina, un liberal alegremente despreocupado. El problema es que dice, bien alto y bien fuerte, lo que mucha gente apenas expresa en los ámbitos privados: hay que comenzar una degollina de criminales para acabar, de una buena vez, con el azote de la delincuencia. Sus declaraciones no son una manifestación de salvajismo sino que resultan, directamente, de la escandalosa ineptitud de un Estado que no puede siquiera garantizarnos, a nosotros los ciudadanos, el más elemental de los derechos: la seguridad personal. Comencemos pues por ahí.
Naturalmente, es un funcionario público y, como tal, está obligado a respetar las leyes y los reglamentos de este país. Pero no vivimos, por desgracia, tiempos normales: somos una sociedad amenazada, intimidada y ultrajada.
Diario Milenio
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