viernes, 8 de enero de 2010

Las guerras del carlos marín: y sus enseñanzas históricas

El derecho a gritar “¡Fuegooo!”
El asalto a la razón
Carlos Marín

La rabia con que algunos intolerantes han reaccionado al leer en este espacio que el conductor Esteban Arce tiene derecho a expresar (en privado y en público) su homofobia (a menos, claro, que se comprobara que lo hizo para ganar rating o impulsar una campaña de odio) trae a la memoria un suceso en el vecindario de enfrente, a propósito de libertades:
Hace cuatro décadas, el kukluxklanesco Partido Nacionalsocialista exigió que se respetara su derecho a manifestarse en la ciudad de Skokie, Illinois (¡con significativa población judía!).
El caso llegó a la Corte Suprema (1978), que resolvió a favor de los neonazis.
Los ministros incluyeron en su argumentación el ejemplo de que, si no hay lumbre, nadie tiene derecho en un cine o teatro a gritar “¡fuego, fuego…!”, porque puede provocar una estampida fatal. Pero corrigieron después: si quien grita “¡fuego, fuego…!” es un enfermo mental, que “ve” la quemazón, se le puede canalizar a una institución de salud, pero no censurar su derecho a decir lo que cree.
Diario Milenio

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