Una oportuna lección de dignidad
El asalto a la razón
Carlos Marín
El martes, luego de su ajetreada ida y vuelta a Ciudad Juárez para preparar la visita que hoy realiza el Presidente, Fernando Gómez Mont tuvo un mal día, pero no sólo porque negó que se hubiera disculpado del desatino de Felipe Calderón (“pleito entre pandillas”) con los deudos de los jóvenes asesinados la semana pasada, sino porque traía clavada la jabalina que lo llevó a ponerse a salvo del partido de su vida.
Cabe inclusive suponer que en tan absurda reculada hubiese incidido la pesadumbre de saber que ya iba a hacer pública su grave decisión.
El hecho de que “por discreción profesional” no confiese sus motivos, deja abierta una sola y obvia interpretación: había calificado las alianzas de “legítimos” y “espurios” como “fraudulentas” y, como Gómez Mont suele ser franco y congruente, su adiós al PAN es un explosivo, pero encomiable gesto de dignidad.
Si su jefe le tiene tanta confianza (muy merecida) que lo conserva como secretario de Gobernación, en congruencia política, también, debiera seguir su ejemplo…
Diario Milenio
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