(El B tiene la sospecha infundada que en algún momento del siglo XXI este quinteto de cagatintas perdió la cabeza, las ideas, la honestidad y la profesión: Ciro Gómez, Marín, López Dóriga, Aguilar Camín desde el sexenio de Salinas, y el imbécil de Román Revueltas.)
La amenaza zapatista contra Aguilar Camín
La historia en breve
Ciro Gómez Leyva
Basta de terrorismo verbal. ¿Qué hizo Héctor Aguilar Camín para que un líder político de los Altos de Chiapas le lance una fatwa, responsabilizándolo de la violencia que pudiera desencadenarse luego de que la Suprema Corte de Justicia ordenara la inmediata libertad de 20 de los presuntos asesinos de la matanza de Acteal que, dígase lo que se diga, ya purgaron 12 años en prisión?
Aguilar Camín escribió dos textos en la revista Nexos (noviembre y diciembre, 2007): una reconstrucción impactante, leída como trabajo de un historiador o reportaje de un periodista. Su tesis rectora fue clara de principio a fin: zapatistas y antizapatistas de la zona se armaron para aniquilarse. Pero lejos de proponer una verdad absoluta, Héctor abrió una batería de preguntas. Por ejemplo, ¿quién apiló los cadáveres y agregó los machetazos y los cráneos estallados aquel 22 de diciembre de 1997?
Trabajó con un rigor que debió ponerle los pelos de punta a los supersticiosos que han sido incapaces de probar la presunta acción planeada y ejecutada en Acteal por autoridades estatales, Ejército y gobierno federal, cuando afirmó que lo ocurrido fue una matanza cometida durante y después de una batalla, y que la investigación judicial no buscó la verdad ni hizo justicia: “Hay presos inocentes y culpables libres”.
Retomó intermitentemente esos criterios en su columna diaria de MILENIO. Ayer, la Corte, lisa y llanamente, le dio la razón en el punto de los procesos judiciales viciados. “No puede entenderse que este Tribunal esté absolviendo culpables”, dijo el ministro José Ramón Cossío. “Lo único que ha determinado es que a los quejosos no se les siguió un debido proceso”.
Es execrable, por tanto, la amenaza de un grupo político contra un periodista-historiador, cuyo pecado fue haber hecho una investigación de gran calado.
Tarde, pero justo
El asalto a la razón
Carlos Marín
2009-08-13•Al Frente
Dos precisiones de los ministros que sesionaron ayer permiten comprender mejor por qué una veintena de indígenas (por lo pronto) recuperaron su libertad, luego de más de once años de encierro por la matanza de Acteal:
1. A la Suprema Corte de Justicia no le corresponde resolver si entre los beneficiados hay inocentes o culpables, pero sí tomar una decisión ante la evidencia de que se violaron sus derechos procesales (José Ramón Cosío).
2. Es ilícito que la policía y el Ministerio Público entreguen a los “testigos” listas con los nombres de probables implicados (Juan Silva Meza).
Quienes creen la insidiosa patraña que propalan los beneficiarios de la matanza contra “la Corte y sus cómplices”, debieran releer a Héctor Aguilar Camín (MILENIO del 5 de agosto) sobre cómo un acusador, “que no entendía ni hablaba español” y que había incriminado a sólo cuatro personas, dos horas más tarde presentó una relación escrita ¡con 160 nombres! que, según admitió el mismo “testigo”, le fue dada por “los judiciales…”
Acteal y el fallo de la Suprema Corte
Día con día
Héctor Aguilar Camín
2009-08-13•Al Frente
El fallo de la Suprema Corte sobre Acteal corrige el destino de los encarcelados en un proceso judicial viciado. Repara una arbitrariedad, y esto es siempre digno de nota y celebración.
Pero Acteal sigue siendo un jeroglífico. Más allá de los aspectos legales, está el problema de la verdad, el esclarecimiento puntual de cómo fue la matanza y quiénes sus ejecutores. Algunos están presos, otros no.
La acusación hecha a granel sobre los actuales recluidos y sobre muchas otras personas mencionadas por los testigos ha sido una pesada cortina de testimonios que no describen el hecho con el rigor necesario ni para la causa judicial ni para el conocimiento histórico de lo sucedido.
El fallo corrige aberraciones del juicio pero no abre un camino al esclarecimiento de la verdad más allá del proceso judicial. Acteal es una asignatura pendiente de nuestro conocimiento, no sólo de nuestra justicia.
El fallo podría tener consecuencias enormes, en cambio, para la corrección del sistema judicial mexicano en todos los casos de fabricación de culpables, lamentable especialidad de nuestra justicia.
La Corte ha sentado criterios que deben cumplir autoridades y jueces para garantizar el debido proceso en la acusación, la consignación, el juicio y la sentencia de los inculpados de un delito.
El cumplimiento de estos criterios por las diversas instancias del proceso judicial pueden significar un antes y un después en la seguridad jurídica de México.
La fabricación de culpables gracias a la ausencia de debido proceso judicial es materia de grandes casos paradigmáticos que pasan a los medios porque tocan fibras sensibles de la política y de la vida pública.
Pero es también una dura realidad cotidiana en innumerables juicios anónimos, que nunca llegan a los diarios pero deshacen vidas y familias.
Hasta ahora, quien puede poner a las autoridades de su lado puede también culpar, consignar y encarcelar a quien desee: por razones políticas o económicas, por antagonismo personal o por servicios profesionales a terceros, como tantos abogados.
Contra la fabricación de culpables sólo pueden triunfar la efectiva presunción de inocencia y el debido proceso de juicio que garantiza al acusado el derecho a la defensa en libertad y el respeto de sus garantías fundamentales.
Los criterios fijados ayer por la Corte sobre las averiguaciones previas, las pruebas judiciales y la defensa adecuada son un enorme paso en el camino correcto.
Diario Milenio
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