Carlos Loret de Mola
Historias de reportero
En tres años pasó de ser el político más amado al más odiado, se desplomó del 35% de los votos a hacer esfuerzos para mantener el registro de sus dos partidos aliados, de tener 15 millones a nivel nacional a concentrar sus esfuerzos en conseguir 180 mil sufragios en Iztapalapa y radicalizó su autoritarismo hasta llevarlo a niveles de intolerancia exhibida públicamente como no se recuerda en décadas.
En esos mismos tres años, no bajó del nada despreciable 16% de personas que votarían por él para presidente, cumplió en que su movimiento no derivaría en violencia física y abrazó un discurso de que vendría una crisis económica cuando nadie pensaba en un escenario como el actual (dirían los apostadores, “hizo la chica”).
Para un hombre poderoso y deseoso de poder, como AMLO, el saldo 2006-2009 es negativo, pero no de bancarrota política. No está políticamente muerto, pero sí gravemente herido (un metafórico médico legista podría asustarse de la cantidad de heridas autoinfligidas).
El Universal
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