Bazbaz y el triunfo de la sevicia
El asalto a la razón
Carlos Marín
Como argumento para su inmolación, Alberto Bazbaz esgrimió una máxima que no aplica en materia de justicia en el México real:
“Para que una procuraduría pueda realizar sus funciones con eficacia, es indispensable que cuente con la confianza, la credibilidad y el respaldo de la gente a la que sirve. Cuando esto se pierde, resulta imposible cumplir la responsabilidad…”
Si el aserto valiese, todos los procuradores de las restantes entidades federativas (con el general de la República por delante) debieran caer también y dedicarse a conducir programas de complacencias musicales.
Los carroñeros de Paulette (deshonor a quienes deshonor merecen) se salieron con la suya.
Sañosa, su embestida implicó siempre la estulticia de que, en casos de probable secuestro, lo primero que debe hacer la policía es ¡catear la casa de los denunciantes! (inclusive con perros entrenados en detección de cadáveres), no trabajar más de una e infalible “línea de investigación” y que, en caso de no haber, fabrique a los culpables...
Diario Milenio
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