CNDH-Sedena: incógnitas de miedo
El asalto a la razón
Carlos Marín
El señalamiento de la Comisión Nacional de Derechos Humanos al Ejército sobre el mortífero ataque de abril a una familia en Tamaulipas es de excepcional gravedad, pero no sólo por negar que hubo un “enfrentamiento” con delincuentes, sino porque, sin hacerla explícita, entraña la escalofriante sugerencia de que los soldados, además de asesinar a dos niños y herir a otras cinco personas, “alteraron la escena” con la siembra de dos camionetas (Dodge azul y Hummer roja), en las que colocaron los cadáveres de un par de “sicarios” ataviados con uniformes patito de corte militar.
A Guido Peña, el periodista que mejor ha reporteado ese suceso (MILENIO del domingo reciente), el segundo visitador de la CNDH, Marat Paredes Montiel, le dice reconocer “omisiones” en su informe, pero también que, si no se ocupa de aquél y otros misterios, es porque la Secretaría de la Defensa le negó acceso a la averiguación previa.
De no haber ocurrido ningún “fuego cruzado” y ser cierta la imputación de la CNDH, ¿por qué los probables militares asesinos a mansalva dejaron vivos a los restantes 11 familiares?
Diario Milenio
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